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Contra la Guerra.... Galletas |
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Fernando Montiel T. Es un hecho probado por la historia que la legislación internacional por si misma no es suficiente para detener una agresión por parte de los Estados Unidos, a este respecto Heinz Dieterich ha sostenido que "En primera instancia, el derecho siempre protege a los más débiles" sin embargo, Estados Unidos se empeña en conseguir que no solo el Congreso apruebe el uso de la fuerza de forma preventiva (cosa que dicho sea de paso ya logró), sino que también sea una resolución del Consejo de Seguridad la que autorice una acción armada contra Irak si llega a obstaculizar en lo más mínimo las potestades de los inspectores de las Naciones Unidas. Resulta extraño que en lugar de violentar abiertamente estas trabas legales -como lo han hecho ya repetidas veces en el pasado- estén buscando la guerra pero procurando afanosamente el respaldo legal internacional. ¿Por qué busca Bush la legitimidad jurídica de acciones ilegítimas de origen (como lo es fracturar el concepto de soberanía al arrogarse el derecho de patrullar el territorio iraquí con aviones de guerra británicos y estadounidenses) teniendo la posibilidad real de lanzar la guerra sin mayores miramientos?
A diferencia de lo que ocurre en nuestros países, un gobierno acostumbrado a ser atacado por todos los flancos, por todo el mundo, todo el tiempo, no es susceptible de ser controlado con los mecanismos con los que se mata a las moscas: a periodicazos. En otras palabras, la crítica internacional no le quita el sueño ni a demócratas ni a republicanos. La cosa cambia cuando los periodicazos no son exógenos sino endógenos, es decir, cuando la crítica y la movilización social ocurre en el centro mismo del poder como es el caso en nuestros días. El resultado de esta dinámica de concientización de masas esta a la vista. Primero fue una marcha contra la guerra de Afganistán, que aunque simbólica, no fue tan multitudinaria como se hubiera deseado. Pero más tarde vinieron repetidas y sistemáticas campañas de protesta en los Estados Unidos y en todo el mundo, por igual en la calle, que en foros internacionales o frente a embajadas. Esta dinámica continúo hasta la reciente carta de los 4 mil intelectuales que como coagulo sanguíneo se atravesó en el corazón del imperio y que después se reforzó por la marcha de los 10 mil artistas y trabajadores que en Nueva York dijeron "No en nuestro nombre". ¿Qué salió mal?, ¿funcionaron mal los mecanismos propagandísticos?, ¿fueron lentos?. No, de hecho nada les resultó mal a los Rumsfeld, Bush, Rice, Powell y sus amigos de Lockheed Martín y similares (de ahí que en el primer round -Afganistán- resultaron vencedores), todo lo que ocurrió es que al parejo de sus victorias quedaron al descubierto los límites reales de frases como "en tiempos de guerra la primera víctima es la verdad" o "en tiempos de guerra, la verdad debe ser protegida por un guardaespaldas de mentiras" (Winston Churchill). Contra lo que Henry Kissinger argumentaba al decir que "En nuestros días, existen tantos argumentos a favor y en contra en torno a un mismo asunto que se pueden defender ambas posturas perfectamente bien", lo cierto es que aunque le pese a Churchill la verdad jamás será una víctima absoluta como lo demuestra el hecho de que, así sea a la larga, los crímenes patrocinados por los "guardianes de la libertad" estadounidenses o franceses, salen a la luz, por igual en Centroamérica que en Argelia o en cualquier parte del mundo; por su parte, contra lo que Kissinger sostiene vale la pena recordar lo que dijo Einstein "para mi, un asesinato en una guerra no es muy diferente a un asesinato ordinario" dando a entender que objetivamente el hecho de quitarle la vida a alguien es igualmente repudiable independientemente de la situación. Entre Einstein y Kissinger me quedo con Einstein ya que la verdad no depende de la interpretación de los hechos (de otro modo no existiría la ciencia social) y al fin, dentro de este marco de referencia, los "guardaespaldas" a la Churchill acaban por ser poco más que inútiles. Al fin, tarde o temprano, la gente termina por darse cuenta de lo que ocurre. La pandilla de los siete enanos (Bush, Rumsfeld, Rice, Powell, Cheney, Reich y Negroponte) saben a lo que se enfrentan, saben muy bien que ante una sociedad crecientemente crítica, las perspectivas de gobernar con solidez y avanzar en la agenda solamente a punta de propaganda son decrecientes -algo que Vicente Fox en México apenas está aprendiendo-, de aquí la necesidad de apuntalar sus acciones con argumentos legaloides -que no legales en tanto procuran modificar las leyes (léase resoluciones del Consejo de Seguridad) para que ajusten a sus intereses, con lo cual se desvirtúa el ya de por sí flaco y cansado espíritu imparcial del organismo para convertirla en legislación ad hoc-. En el fondo esta necesidad de obtener al menos un dejo de legitimidad de su accionar público es una de las razones que orillan a George W. Bush a insertarse -aunque sea artificialmente- dentro del círculo de "lo legal", aunque en el proceso violente la naturaleza misma de esa legalidad que aspira. Tal vez la culpable de poner en tan intrincada situación a los siete enanos fue la denuncia de Irene Khan -Secretaria General de Amnistía Internacional- cuando sostuvo que "En la lucha contra el terrorismo, perdieron los derechos humanos" (La Jornada, 26.Junio.2002); o a lo mejor las repetidas denuncias de Robert Fisk -corresponsal de The Independent en el área del conflicto- sobre las violaciones a los derechos humanos y políticos de sospechosos que estaban siendo torturados, ejecutados o secuestrados para ser interrogados por la CIA y el FBI (La Jornada 18.Agosto.2002); o quien quita y fueron los cables que informaban de las condiciones bestiales (tanto legales como materiales) en las que viven los detenidos en Guantánamo, condiciones que, de acuerdo con denuncias de Human Rights Watch, han llevado a por lo menos 30 intentos de suicidio entre los talibán recluidos en el "centro penitenciario" que tienen los Estados Unidos en la mayor de las Antillas (La Jornada, 16.Agosto.2002). A lo mejor fue todo junto, o a lo mejor fue alguno de los otros elementos que componen el abanico de atrocidades del último año. Lo importante es que muchos ojos se han abierto, tal vez más de los que pensamos. Así como es posible calcular el número de radioescuchas de un programa de radio de acuerdo con el número de llamadas telefónicas que se reciben en cabina, sería bueno averiguar si es posible calcular cuantos ojos se han abierto de acuerdo con el número de manifestantes que se tienen en las calles. Hay quien sostiene que la lógica del macroespacio tiene simetrías en el microespacio, que la lógica global puede encontrar paralelos en el orden local y que dialécticamente los fenómenos de orden personal a veces pueden tener referentes en el orden estatal. Hace algunos meses causo hilaridad el accidente que un mal rato le hizo pasar a George W. Bush pero que, además de un mal rato para la víctima, dejó también una enseñanza: una galleta "pretzel" (¿terrorista?) consiguió de forma efímera pero significativa lo que ningún país o ser humano en la tierra sería capaz: poner en peligro, al grado de postrar de rodillas y herirle la cara, al hombre más poderoso del mundo (que dicho sea de paso es también el mejor protegido). No es que la repostería sea ya parte del entrenamiento terrorista, sino más bien que la torpeza mandibular intrínseca de Bush (esa que lo hizo afirmar sin mayor reparo cuando era gobernador que "la gran mayoría de nuestras importaciones vienen de fuera del país" o que "el futuro será mejor mañana") puso en evidencia el talón de Aquiles de la nación de las barras y las estrellas: la principal amenaza a la "seguridad nacional" (léase de los políticos e industriales petroleros, farmacéuticos y armamentistas) de los Estados Unidos no es externa sino interna. Hoy, la resistencia pacifista en los Estados Unidos puede conseguir lo que ninguna protesta en el mundo puede lograr: atragantar los ánimos belicistas de su gobierno. Al fin, me quedo con Einstein y la repostería, al fin, contra la guerra....galletas. Pd.- El creciente movimiento pacifista en los Estados Unidos nos obliga a repensar el aspecto geográfico de aquella frase del guerrillero heroico que rezaba "del Rio Bravo al sur todos somos hermanos". <e-mail: cruovat@yahoo.com> 11-12-2002 |
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